Este debate, iniciado en EEUU pero que también ha traspasado
fronteras hasta llegar a nuestro país, se ha originado tras el
lanzamiento de las nuevas guías sobre el control de la
hipercolesterolemia llevadas a cabo por la American Heart Association y el American College of Cardiology, ya que las nuevas guías presentan unas recomendaciones diferentes a las establecidas por las guías europeas.
La primera de ellas, y una de las más relevantes, es la forma que proponen para decidir qué personas deberían medicarse con estatinas para reducir el nivel de colesterol
en sangre y disminuir el riesgo cardiovascular. Así, las guías
americanas valoran el riesgo a partir de una calculadora que tiene en
cuenta factores como el tabaquismo, la presión arterial o la diabetes,
lo que, según ya han denunciado diversos epidemiólogos americanos,
sobreestimaría el número de pacientes que deberían recibir estos
medicamentos entre un 75 y un 150%, lo que puede desembocar en hasta un
tercio de norteamericanos tratándose con estatinas.
El empleo de una calculadora americana de riesgo no tiene ningún sentido en nuestro ámbito,
ya que la población europea, y muy especialmente la española, que es de
origen mediterráneo, tiene un riesgo teórico inferior de enfermar en
relación a los americanos; por lo tanto, elevaría el número de sujetos
que precisarían tratamiento, especialmente aquéllos previamente sanos y
sin aún enfermedad cardiovascular clínicamente diagnosticada.
Otra diferencia destacada es que los americanos recomiendan que
aquellos sujetos que ya tengan enfermedad clínica cardiovascular
establecida, como son los que ya han padecido un infarto de miocardio o
un ictus, tomen siempre estatinas a dosis elevadas. Las guías europeas,
por el contrario, no predeterminan la dosis de estatinas, sino que
señalan un nivel de colesterol-LDL (el colesterol "malo") a alcanzar por
debajo de 70mg/dl; por tanto, son más flexibles y permiten combinar las
estatinas con otros fármacos e incluso prescribir unas dosis más bajas
si los objetivos son alcanzados en el paciente.
Vista la polémica generada tras el anuncio de estas guías y las voces de alerta que han despertado, desde la Sociedad Española de Cardiología
y en concreto desde la sección de Riesgo Cardiovascular y
Rehabilitación Cardiaca nos vemos en la necesidad de posicionarnos a
favor de seguir empleando las recomendaciones generadas por la European
Society of Cardiology, no sólo porque es la que más se adecua a nuestra
población, sino también porque es una guía en cuya redacción la Sociedad
Española de Cardiología ha participado de forma activa.
De todas formas, sospechamos que este debate se mantendrá en los próximos meses,
ya que todavía hay estudios en marcha que pueden ayudar a desvelar cuál
de las diferentes opiniones vertidas sobre las guías es la correcta.
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